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Control de los impulsos

Los trastornos del control de los impulsos tienen en común:

  • El fracaso por parte de la persona en controlar el impulso de llevar a cabo un acto que supone un daño para sí misma o para los demás,
  • La sensación creciente de tensión o activación antes de llevar a cabo el acto, así como la experiencia de placer o liberación en el momento de consumar el acto.

  Tras el acto puede o no haber arrepentimiento, autorreproches o culpa.

TRASTORNOS DE LOS IMPULSOS:

  1. Trastorno explosivo intermitente.
  2. Cleptomanía.
  3. Piromanía.
  4. Juego patológico.
  5. Tricotilomanía.

1. Trastorno explosivo intermitente:

Se caracteriza por el fracaso a la hora de resistir los impulsos agresivos, dando como resultado asaltos graves o destrucción seria de propiedades. Ejemplos de este comportamiento incluyen amenazar o herir a otra persona o romper o dañar intencionadamente un objeto de valor.

El grado de agresividad expresado durante un episodio está fuera de proporción respecto a cualquier provocación o estrés situacional. El individuo puede describir los episodios como "ataques" en los que la conducta explosiva está precedida por una sensación de tensión o activación y seguido inmediatamente por una sensación de alivio.

A menudo, tras el estallido aparece un arrepentimiento sincero. Más tarde, el individuo puede sentir también remordimiento o vergüenza por su comportamiento.

La mayoría de estas personas son hombres jóvenes y sus historias muestran a menudo accidentes de tráfico frecuentes, infracciones y posiblemente impulsividad sexual. Pueden exhibir una sensibilidad extrema al alcohol.

Las personas con un trastorno explosivo intermitente describen a veces impulsos agresivos intensos antes de sus actos agresivos, y no son capaces de resistirse a dichos impulsos, cediendo ante ellos. Los episodios explosivos pueden estar asociados a síntomas afectivos como irritabilidad o rabia, energía creciente y pensamientos que aparecen con gran rapidez, durante los impulsos y los actos agresivos, así como una rápida aparición de un estado de ánimo deprimido y fatiga después de los actos agresivos.

Algunos individuos describen también que sus episodios agresivos van precedidos o acompañados a menudo por síntomas tales como hormigueos, temblores, palpitaciones, opresión en el pecho, presión en la cabeza, o escuchar un eco. Este desorden puede dar lugar a la pérdida del trabajo, a la suspensión en la escuela, al divorcio, a dificultades en las relaciones interpersonales, a accidentes (por ejemplo, de tráfico), a hospitalización debido a lesiones por peleas o accidentes, a problemas financieros, a encarcelamientos o a otros problemas legales.

Criterios diagnósticos DSM-IV:

A. Varios episodios aislados de dificultad para controlar los impulsos agresivos, que dan lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.

B. El grado de agresividad durante los episodios es desproporcionado con respecto a la intensidad de cualquier estresante psicosocial precipitante.

C. Los episodios agresivos no se explican mejor por la presencia de otro trastorno mental (p. ej., trastorno antisocial de la personalidad, trastorno límite de la personalidad, trastorno psicótico, episodio maníaco, trastorno disocial o trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, medicamentos) o a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal, enfermedad de Alzheimer).

2. Cleptomanía:

La cleptomanía es un trastorno del control de los impulsos cuya características esencial es la dificultad recurrente para controlar los impulsos de robar cualquier objeto, aún cuando no sea necesario para el uso personal o por su valor económico.

La persona que lo padece experimenta una sensación de tensión creciente antes del robo, seguida de bienestar, gratificación o liberación cuando lo lleva a cabo. El robo no se comete para expresar cólera o por venganza. Los objetos son robados a pesar de que tengan poco valor para el individuo, que tendría medios para adquirirlos y que con frecuencia se desprende de ellos y no los usa. A veces los acumula o los devuelve inesperadamente. Aunque las personas con este trastorno evitarán robar cuando sea probable un arresto inmediato (en presencia de un policía), no planifican los robos ni toman medidas adecuadas para evitar las posibilidades de arresto. El robo se comete sin la asistencia de otras personas.

Estas personas reconocen que el deseo de robar sale de ellos mismos y son conscientes de que se trata de un acto equivocado. Con frecuencia temen ser arrestados y se sientes deprimidos y o culpables. El trastorno suele crear problemas legales, familiares y personales.

Criterios diagnósticos DSM-IV:

A. Dificultad recurrente para controlar los impulsos de robar objetos que no son necesarios para el uso personal o por su valor económico.

B. Sensación de tensión creciente inmediatamente antes de cometer el robo.

C. Bienestar, gratificación o liberación en el momento de cometer el robo.

D. El robo no se comete para expresar cólera o por venganza y no es en respuesta a una idea delirante o a una alucinación.

E. El robo no se explica por la presencia de un trastorno disocial, un episodio maníaco o un trastorno antisocial de la personalidad.

3. Piromanía:

cerillas-JJ-627La piromanía es una enfermedad que provoca en los pacientes su satisfacción ocasionando fuegos, incendios, y con el placer de contemplar sus consecuencias.

Esta afición enfermiza suele iniciarse en la edad juvenil, con mayor frecuencia en varones y especialmente en aquéllos que se destacan poco o nada por habilidades socialmente atractivas. Suelen ser personas solitarias, grises, que no llaman la atención por ninguna cualidad agradable.

Muchos de los pirómanos expresan su atracción por el fuego participando en programas de prevención, de forma voluntaria. Unos pocos llegan a enrolarse en cuerpos de bomberos, pero lo más habitual es que se trate de "espontáneos" dispuestos a echar una mano siempre que un fuego estalla en sus cercanías. Otros, son visitantes asiduos de los museos sobre fuego y de los parques de bomberos.

Es importante señalar que no buscan móviles económicos, sino simplemente satisfacer su morboso apetito de incendios y de las situaciones afines. El verano es una época excelsa para ellos, pues resulta fácil, por las condiciones climáticas, extender grandes áreas de fuego a partir de pequeñas hogueras.

Criterios diagnósticos DSM-IV:

A. Provocación deliberada e intencionada de un incendio en más de una ocasión.

B. Tensión o activación emocional antes del acto.

C. Fascinación, interés, curiosidad acerca de o atracción por el fuego y su contexto situacional.

D. Bienestar, gratificación o liberación cuando se inicia el fuego, o cuando se observa o se participa en sus consecuencias.

E. El incendio no se provoca por móviles económicos, como expresión de una ideología sociopolítica, para ocultar una actividad criminal, para expresar cólera o venganza, para mejorar las propias circunstancias de la vida, en respuesta a una idea delirante o a una alucinación, o como resultado de una alteración del juicio (p. ej., en la demencia, retraso mental, intoxicación por sustancias).

F. La provocación del incendio no se explica por la presencia de un trastorno disocial, un episodio maníaco, o un trastorno antisocial de la personalidad.

4. Juego patológico:

Existe un gran número de personas para las que jugar es el centro de sus vidas, fracasando, al menos aparentemente, en todos los intentos de resistir el impulso de hacerlo. Como consecuencia de ello, se dañan seriamente sus relaciones familiares, laborales, personales y de cualquier otro tipo. Estas personas "padecen" o al menos se ha conceptualizado como tal, una enfermedad psicológica denominada juego patológico o compulsivo y se les conoce como ludópatas.

El juego patológico es un trastorno del control de los impulsos cuya característica esencial es un comportamiento de juego desadaptativo y persistente que altera la continuidad de la vida personal, familiar y profesional.

La persona que padece este trastorno puede estar preocupada por el juego (reviviendo experiencias pasadas de juego, planificando próximas aventuras de juego o pensando en la forma de conseguir dinero para seguir jugando). Muchos de estos individuos dicen buscar "acción" (estado de euforia) más que dinero.

Criterios diagnósticos DSM-IV:

A. Conducta de juego perjudicial y recurrente, caracterizada al menos por cinco de los siguientes síntomas:

1. Preocupación frecuente por jugar.

2. Existe la necesidad de aumentar la magnitud o la frecuencia de las apuestas para conseguir la excitación deseada.

3. Intentos repetidos sin éxito para controlar, reducir o parar el juego.

4. Intranquilidad o irritabilidad cuando se intenta reducir o parar el juego.

5. El juego como estrategia para escapar de problemas, o para mitigar un estado de ánimo deprimido o disfórico.

6. Después de perder dinero en el juego, vuelta al día siguiente para intentar recuperarlo.

7. Mentiras a miembros de la familia, terapeutas u otros, para ocultar el grado de importancia del juego.

8. Comisión de actos ilegales como: fraude, falsificación, robo o desfalco, para poder financiar el juego.

9. Arriesgar o perder una relación de importancia, trabajo, u oportunidad escolar o laboral a causa del juego.

10. Se confía en que los demás proporcionen dinero que alivie la desesperada situación financiera causada por el juego.

B. La conducta de juego no se encuentra asociada a un episodio maníaco.

5) Tricotilomanía:

Trico significa “pelo”, manía “impulso” de realizar una conducta. La tricotilomanía es el comportamiento recurrente de arrancarse el propio cabello, y/o vello del cuerpo, por simple placer, gratificación o liberación de la tensión.

La tricotilomanía esencialmente es el arrancamiento del cabello con perdida abundante y no debido a algún tipo de enfermedad médica. Aunque la parte más afectada es la cabeza, no tiene que ser solo ella, sino que puede abarcar diferentes partes del cuerpo, desde las cejas, pestañas, axilas, hasta el pubis. Cuando es en la cabeza se suele situar, sobre todo en zonas temporales, frontales y parietales combinadas.

Se trata de un hábito nervioso reversible. El inicio del trastorno se da mayormente en la infancia y adolescencia, siendo el número de niños afectados superior al de adultos.

Criterios diagnósticos DSM-IV:

A. Arrancamiento del propio pelo de forma recurrente, con una pérdida perceptible de pelo.

B. Sensación de tensión creciente inmediatamente antes del arrancamiento de pelo o cuando se intenta resistir la práctica de ese comportamiento.

C. Bienestar, gratificación o liberación cuando se produce el arrancamiento del pelo.

D. La alteración no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental y no se debe a una enfermedad médica (p. ej., enfermedad dermatológica).

E. La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

En la Clínica Hipnos tratamos todos los trastornos de control de impulsos. Método en hipnosis propio y exclusivo.

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